La polémica crece en torno a la Asociación Civil Conservación Península Mitre, cuyo presidente, Adolf Imber, está cuestionado por el manejo de cientos de hectáreas como si fueran propias, pese a que se trata de tierras fiscales. Amparado en un discurso ambiental, Imber combina actividades turísticas y ganaderas en una zona que, por ley, debería estar bajo estrictos planes de manejo.
En el último tiempo, lugareños y caminantes denunciaron amenazas con armas de fuego y perros peligrosos. Se iniciaron causas judiciales contra los usurpadores, pero lo insólito es que, en vez de desalojarlos, se les habría garantizado custodia policial. En la práctica, se les brinda seguridad a quienes avanzan sobre tierras públicas, un escenario que para los vecinos solo es posible con complicidad de sectores del gobierno provincial.
La administración fueguina, a través de la Secretaría de Producción y Ambiente, ha sido señalada por su pasividad. No es la primera vez que el área enfrenta cuestionamientos: el manejo de cientos de millones de pesos en fondos públicos generó roces con el Gobierno Nacional, que objetó la rendición por falta de documentación del destino de esos recursos. Finalmente, esos fondos fueron disueltos mediante el Decreto 888/2024.
En paralelo, la tala indiscriminada de árboles, el cuatrerismo y el descontrol ambiental se han convertido en parte del paisaje de Península Mitre. A ello se suma el turismo de alto poder adquisitivo, la cría de ganado y la venta de carne ilegal en restaurantes, especialmente cordero, sin controles sanitarios visibles. Todo ocurre en un territorio que fue declarado área protegida para preservar su biodiversidad y patrimonio natural.
En este contexto, los reclamos de las comunidades locales se multiplican, pero las respuestas oficiales brillan por su ausencia. La combinación de tierras fiscales administradas como propiedad privada, negocios turísticos selectos, ganadería sin habilitaciones y delitos ambientales pinta un cuadro donde la preservación parece ser más una fachada que una política real.











